24 días

Convendría aceptar que la frase de marras de Leo Messi al librarse de la emboscada aduanera fue vapor atrapado que explotó por necesidad orgánica. Messi, que parece que confundió un control de aduana por uno de Hacienda (los demonios siempre aparecen), lleva una víctima dentro cuando husmea agentes con apariencia tributaria. Y le sale una irritación incontenible, que el miércoles mezcló con impulsos pedrestes vinculados al cansancio por el largo viaje, a la impaciencia ante la lenta burocracia y al nerviosismo por tener la familia aguardando fuera. Para echar lenguas de fuego. Seguir leyendo....

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